La Septuaginta e Isaías 53

Señor, ¿quién creyó en nuestra noticia? Y el brazo del Señor, ¿a quién se le reveló? Creció delante de él como un infante, como raíz en tierra sedienta, no tiene figura, ni gloria. Y lo vimos, y no tenía forma ni belleza, al contrario, su figura carecía de honra y sobrepasaba a todos los hombres, un hombre golpeado y que sabía soportar la enfermedad, porque se había mudado su rostro, había sido deshonrado y no […]

La expiación sustitutiva de Cristo

La tradición patrística permite expresar la obra de Cristo con una precisión que evita dos extremos: por un lado, la idea de que Dios “castiga al Hijo como culpable”; por otro, la negación de que haya un juicio real sobre el pecado. La fe patrística permite reformular la expiación sin negar su carácter vicario: Dios no castiga al Hijo como culpable, sino que condena y juzga nuestro pecado en la carne que el Hijo asumió, […]

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La Reforma y el Filioque en la Tradición Protestante

La Reforma protestante heredó el Filioque de la tradición latina occidental y, en general, lo conservó sin convertirlo en un tema central de controversia. Lutero, los luteranos, los reformados y después muchos evangélicos confesionales aceptaron que el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo”, normalmente como parte de su recepción del Credo occidental, del Credo Atanasiano y de la teología agustiniana. Pero aquí está el punto importante: la mayoría de los reformadores no leyeron […]

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Epifanio de Salamina y el “Filioque”: ¿cómo lo entendieron los Padres griegos?

La fórmula de Epifanio de Salamina sobre el Espíritu Santo no debe leerse como el Filioque latino posterior en sentido técnico. Epifanio no está enseñando que el Espíritu Santo tenga su causa hipostática en el Padre y en el Hijo como en dos principios. Más bien, siguiendo el lenguaje griego patrístico, afirma que el Espíritu procede del Padre y recibe del Hijo, manifestando así su comunión eterna e inseparable con el Hijo. Dicho de forma […]

El descenso de Cristo a los infiernos

En el primer milenio, los padres de la Iglesia confesaron que Cristo descendió realmente al Hades, no como un condenado vencido, sino como el Rey victorioso que entró en el reino de la muerte para destruir su poder. Para ellos, “descendió a los infiernos” no significaba que Cristo siguió sufriendo después de la cruz, sino que su muerte fue verdadera, su alma humana entró al estado de los muertos, y allí proclamó la victoria consumada […]