En el primer milenio, los padres de la Iglesia confesaron que Cristo descendió realmente al Hades, no como un condenado vencido, sino como el Rey victorioso que entró en el reino de la muerte para destruir su poder. Para ellos, “descendió a los infiernos” no significaba que Cristo siguió sufriendo después de la cruz, sino que su muerte fue verdadera, su alma humana entró al estado de los muertos, y allí proclamó la victoria consumada en el Calvario.
El Hades recibió al Crucificado, pero no pudo retenerlo. Por eso la Iglesia leyó Hechos 2:31 como una proclamación pascual: “su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción”. Cristo descendió hasta lo más profundo de nuestra condición mortal para levantar consigo a los suyos en la gloria de la resurrección.
La postura de los reformadores no fue uniforme. Todos rechazaron la idea medieval de que Cristo descendió para completar una obra expiatoria después de la cruz, o para abrir una segunda oportunidad de salvación. Pero interpretaron el “descendió a los infiernos / al Hades” de distintas maneras.
I. El segundo milenio
1. Lutero y los luteranos: descenso real y victorioso
Lutero sostuvo un descenso real de Cristo al infierno/Hades, pero no como sufrimiento expiatorio adicional, sino como triunfo sobre el diablo, la muerte y el infierno. La Fórmula de Concordia dice que, después de la sepultura, “la persona entera, Dios y hombre”, descendió al infierno, venció al diablo y destruyó el poder del infierno; también advierte que no se debe especular sobre el “cómo”.
Esta postura preserva el lenguaje tradicional del Credo, pero lo entiende como victoria: Cristo no baja como víctima derrotada, sino como Rey vencedor.
2. Calvino: el descenso fue el tormento de la cruz
Calvino no negó el artículo del Credo, pero lo reinterpretó. Para él, “descendió al infierno” no significaba principalmente un viaje local al Hades después de morir, sino que Cristo sufrió en su alma el juicio, la ira y los terrores del infierno en la cruz. Rechazó la idea del limbus patrum —un lugar donde los patriarcas esperaban ser liberados— como una fábula, y afirmó que el verdadero sentido es que Cristo cargó “el peso de la venganza divina” y “las torturas del hombre condenado” en su alma.
Esto conecta con Mateo 27:46: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Para Calvino, allí Cristo no finge abandono; realmente soporta, sin pecado, el juicio debido a los pecadores.
3. Heidelberg: angustia del alma, especialmente en la cruz
El Catecismo de Heidelberg, siguiendo la línea reformada/calviniana, dice que el artículo “descendió al infierno” significa que Cristo, “por su inefable angustia, dolores y terrores que sufrió en su alma en la cruz y antes”, nos redimió de la angustia y tormento del infierno.
Es decir: Heidelberg no pone el énfasis en un viaje local después de la muerte, sino en la profundidad penal y espiritual de la pasión.
4. Westminster: Cristo permaneció en el estado de los muertos
La Confesión/Catecismo de Westminster tomó otra ruta reformada. El Catecismo Mayor, pregunta 50, enseña que la humillación de Cristo después de su muerte consistió en ser sepultado y continuar “en el estado de los muertos, y bajo el poder de la muerte hasta el tercer día”; esto, dice, es lo que se ha expresado con las palabras: “descendió al infierno”.
Aquí “infierno” se aproxima más a Hades/Sheol, el estado o dominio de la muerte, no a la Gehenna de condenación.
5. Zwinglio y Bullinger: verdadero estado de muerte y eficacia de la redención
En la tradición de Zúrich hubo matices. Zwinglio explicó el descenso como afirmación de la realidad de la muerte de Cristo y de que el poder de su expiación alcanza aun a los muertos. Bullinger al principio evitó un descenso espacial literal, hablando más bien de la eficacia de la muerte de Cristo llegando a los santos muertos; más tarde aceptó con más claridad que el alma de Cristo fue a los santos difuntos, sin que eso añadiera nada a la suficiencia de la cruz.
6. Anglicanos reformados: afirmación del hecho, cautela sobre el modo
El Artículo III de los Treinta y Nueve Artículos dice: “Como Cristo murió por nosotros y fue sepultado, así también debe creerse que descendió al infierno”. Pero la formulación final dejó abierta la explicación precisa, evitando tanto el purgatorio como una segunda oportunidad después de la muerte.
Síntesis reformada segura
La mejor síntesis reformada sería:
Cristo verdaderamente murió. Su cuerpo fue sepultado. Su alma humana fue encomendada al Padre: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23:46). Él entró en el estado de la muerte, el Hades, pero no como condenado vencido. En la cruz ya había consumado la expiación: “Consumado es” (Jn. 19:30). Por eso Hechos 2:31 dice: “su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción”.
Entonces, los reformadores coincidieron en esto: Cristo no descendió al Hades para seguir pagando por el pecado después de la cruz. La expiación fue consumada en la cruz. La diferencia fue cómo entender el artículo del Credo:
Lutero: descenso real y victorioso.
Calvino/Heidelberg: sufrimiento infernal del alma en la cruz.
Westminster: permanencia real en el estado de los muertos.
Zúrich/Bullinger: muerte real y eficacia de la redención alcanzando a los santos difuntos.
En términos reformados, la idea central es: Cristo bajó hasta lo más profundo de nuestra muerte y maldición para que nosotros fuéramos levantados a vida, justicia y comunión con Dios.
II. El primer milenio
Un punto clave: en la mayoría de los padres, “infierno” en este tema no significa primariamente Gehenna como condenación final, sino Hades/Sheol/inferos: el reino o estado de los muertos. Ahí está la diferencia con muchas discusiones reformadas posteriores.
En el primer milenio, la postura dominante de los padres fue que Cristo descendió realmente al Hades/Sheol, es decir, al reino de los muertos, no como condenado derrotado, sino como Rey vencedor que proclama su victoria, libera a los justos y destruye el poder de la muerte.
La base bíblica que ellos usaban era principalmente:
“Porque no dejarás mi alma en el Hades,
Ni permitirás que tu Santo vea corrupción.”
— Hechos 2:27,
“…siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados…”
— 1 Pedro 3:18–19,
1. No era “infierno” como Gehenna final
Para los padres, el descenso no significaba ordinariamente que Cristo fue a sufrir la condenación eterna después de la cruz. “Hades”, “Sheol” e “inferos” se entendían como “las regiones inferiores”, el lugar o estado de los muertos; no necesariamente la Gehenna de castigo final. La confusión vino porque en latín e inglés “hell” empezó a usarse de manera más amplia, mezclando Hades, inferos y condenación.
Por eso, la idea patrística típica es:
Cristo murió verdaderamente; su cuerpo estuvo en el sepulcro; su alma humana descendió al Hades; allí proclamó su victoria; y al tercer día resucitó, sacando a los suyos del dominio de la muerte.
2. Ireneo: Cristo predicó su venida a los justos antiguos
Ireneo de Lyon enseña que el Señor descendió “a las regiones debajo de la tierra”, predicando allí su venida y declarando remisión de pecados a los que creyeron en Él. Para Ireneo, esto incluye a los justos del Antiguo Pacto: patriarcas, profetas y todos los que esperaban la venida de Cristo.
En Ireneo, el descenso es parte de la recapitulación: Cristo entra en toda la condición humana, incluso la muerte, para sanar y redimir a los suyos desde Adán hasta el cumplimiento del Evangelio.
3. Tertuliano: Cristo permaneció en Hades como verdadero muerto
Tertuliano afirmó un descenso real. Dice que Cristo, siendo Dios y hombre, cumplió la ley de la muerte humana permaneciendo en Hades “en la forma y condición de un muerto”, y descendió a las partes inferiores para hacer partícipes de sí mismo a los patriarcas y profetas.
Aquí se ve una idea importante: el descenso confirma la muerte real de Cristo. No fue apariencia. El Verbo encarnado entró verdaderamente en nuestro estado de muerte.
4. Clemente de Alejandría: Cristo predicó el Evangelio en Hades
Clemente es más amplio y especulativo. Enseña que el Señor predicó el Evangelio a los que estaban en Hades, y que también los apóstoles, siguiendo al Señor, anunciaron allí el Evangelio. Incluso contempla que algunos gentiles que habían vivido conforme a cierta justicia recibieran allí la predicación de Cristo.
Este punto muestra una diferencia dentro de los padres: algunos limitaron la liberación a los justos del Antiguo Pacto; otros, como Clemente, abrieron una visión más amplia de la proclamación a los muertos.
5. Melitón de Sardis: Cristo pisoteó el Hades
Melitón presenta el descenso en lenguaje de victoria pascual. Cristo dice: “Yo soy el que destruyó la muerte, triunfó sobre el enemigo, pisoteó el Hades, ató al fuerte y llevó al hombre a las alturas del cielo”.
Esto es puro Christus Victor: Cristo no baja para ser dominado por el Hades, sino para invadirlo y despojarlo.
6. Cirilo de Jerusalén: las puertas de la muerte temblaron
Cirilo de Jerusalén habla del descenso como acto del mismo Creador. Dice que las puertas de la muerte y los porteros del Hades temblaron al verlo; el que descendió por misericordia al Hades es el mismo que al principio formó al hombre del polvo.
El énfasis es cristológico: el que desciende es el Hijo eterno encarnado. La muerte recibe a un hombre verdadero, pero ese hombre es el Verbo hecho carne.
7. Gregorio de Nisa y la línea oriental: el Hades fue vencido desde dentro
Gregorio de Nisa desarrolla la imagen del “anzuelo”: la humanidad de Cristo fue como carnada, y la divinidad como anzuelo. La muerte tomó el cuerpo de Cristo pensando recibir a un hombre común, pero al recibirlo encontró a Dios y fue destruida.
Esta imagen será muy influyente en Oriente: Cristo entra al reino de la muerte y lo hace estallar desde dentro.
8. Agustín: sí descendió, pero con cautela
Agustín afirma que es indudable que Cristo descendió al infierno/Hades después de morir, apelando a Hechos 2:27 y al lenguaje de Pedro. Pero Agustín es más cauto que Clemente: no acepta fácilmente la idea de una liberación universal ni interpreta necesariamente 1 Pedro 3 como una predicación salvadora a todos los muertos.
Para Agustín, Cristo estuvo en el Hades, pero no fue retenido por sus dolores como uno vencido. Más bien, el Hades perdió su poder sobre Él.
9. Juan Damasceno: la síntesis oriental clásica
Juan Damasceno resume la visión oriental: el alma de Cristo, deificada por su unión con el Verbo, descendió al Hades para iluminar a los que estaban “en tinieblas y sombra de muerte”; allí Cristo fue para los que creyeron autor de salvación, y para los incrédulos reproche de incredulidad. Después de libertar a los que estaban atados, resucitó mostrando el camino de la resurrección.
Esta es quizá la formulación más madura del primer milenio oriental.
Síntesis
La visión patrística mayoritaria fue esta:
Cristo descendió realmente al Hades, no para seguir pagando por el pecado después de la cruz, sino para proclamar su victoria, liberar a los justos, despojar a la muerte y abrir el camino de la resurrección.
Comparado con los reformadores:
- Lutero se parece más a la tradición patrística oriental: descenso real y victorioso.
- Westminster conserva parte de la idea patrística al hablar del “estado de los muertos”.
- Calvino/Heidelberg se apartan más del énfasis patrístico cuando interpretan el descenso principalmente como los tormentos espirituales sufridos en la cruz.
En lenguaje bíblico-patrístico:
Cristo no fue al Hades como prisionero.
Fue como el Rey crucificado.
La muerte lo recibió, pero no pudo retenerlo.
Por eso Pedro proclama: “su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción” (Hch. 2:31).
