La Reforma y el Filioque en la Tradición Protestante

La Reforma protestante heredó el Filioque de la tradición latina occidental y, en general, lo conservó sin convertirlo en un tema central de controversia. Lutero, los luteranos, los reformados y después muchos evangélicos confesionales aceptaron que el Espíritu Santo “procede del Padre y del Hijo”, normalmente como parte de su recepción del Credo occidental, del Credo Atanasiano y de la teología agustiniana.

Pero aquí está el punto importante: la mayoría de los reformadores no leyeron el Filioque desde la sensibilidad griega, ni hicieron cuidadosamente la distinción entre ἐκπόρευσις como origen hipostático desde el Padre y procedere como lenguaje latino más amplio. Por eso, desde una mirada patrística oriental, la Reforma mantuvo una fórmula occidental problemática sin examinar suficientemente su choque con el Credo original.

1. La Reforma recibió el Filioque como parte de la ortodoxia occidental

Los reformadores no pretendían crear una doctrina trinitaria nueva. En la doctrina de Dios, quisieron mostrarse continuadores de la fe católica antigua contra arrianos, sabelianos y otras herejías.

Por eso recibieron los tres credos occidentales clásicos:

el Credo Apostólico,
el Credo Niceno —en su forma occidental con Filioque—,
y el Credo Atanasiano.

En ese contexto, el Filioque no fue visto por ellos como una innovación romana que debía ser removida, sino como una expresión legítima de la doctrina trinitaria recibida en Occidente.

La Confesión de Westminster, por ejemplo, afirma que en la unidad de la Deidad hay tres personas, y que “el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo”. El Catecismo Mayor de Westminster dice lo mismo al explicar las propiedades personales de las tres personas: al Padre le corresponde engendrar, al Hijo ser engendrado, y al Espíritu Santo proceder del Padre y del Hijo desde toda la eternidad.

2. Lutero y el luteranismo

Lutero heredó el Filioque como parte normal de la confesión occidental. Su preocupación principal no fue discutir con los griegos sobre la procesión del Espíritu, sino defender la divinidad de Cristo, la obra del Espíritu en la fe y la autoridad del Evangelio.

El luteranismo confesional conservó el Credo Niceno con la frase:

“que procede del Padre y del Hijo”.

Para los luteranos, esto servía para confesar que el Espíritu Santo es verdadero Dios, no criatura, y que no está separado del Hijo. La tradición luterana mantuvo, por tanto, el uso litúrgico y dogmático occidental de la cláusula.

Desde una perspectiva patrística griega, el problema no es que los luteranos nieguen la divinidad del Espíritu; no la niegan. El problema es que reciben la fórmula latina sin corregir la alteración del Credo original y sin distinguir con suficiente precisión entre “proceder” en sentido latino y ἐκπορεύεσθαι en sentido griego.

3. La tradición reformada

La tradición reformada fue más sistemática en su formulación. Calvino y los reformados recibieron la doctrina occidental de la Trinidad y confesaron la procesión del Espíritu “del Padre y del Hijo”.

La Confesión de Westminster es el ejemplo clásico:

“El Padre no es de nadie, ni engendrado ni procedente; el Hijo es eternamente engendrado del Padre; el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo.”

Esto muestra que para los reformados el Filioque no era simplemente una frase litúrgica, sino una afirmación dogmática sobre las propiedades personales en Dios.

También la Segunda Confesión Helvética afirma que el Padre engendra al Hijo desde la eternidad y que el Espíritu Santo procede verdaderamente de ambos, siendo adorado juntamente con ambos.

Aquí la tradición reformada se acerca más al lenguaje fuerte de la tradición latina medieval: el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo. No suele expresarlo con el detalle de Florencia —“ser subsistente de ambos”—, pero sí recibe la estructura doctrinal occidental.

4. Los anglicanos

El anglicanismo clásico también conservó el Filioque en su recepción litúrgica del Credo Niceno. En la tradición anglicana histórica, el Filioque fue parte de la confesión trinitaria recibida de Occidente.

Sin embargo, en tiempos modernos algunos anglicanos, especialmente en diálogo ecuménico con los ortodoxos, han estado más dispuestos a cuestionar su inclusión litúrgica o a reconocer que el Credo original no lo tenía. En este punto, sectores anglicanos han mostrado más sensibilidad histórica que otras ramas protestantes.

Doctrinalmente, el anglicanismo clásico no suele rechazar el Filioque; pero litúrgica y ecuménicamente algunos han admitido que la frase puede omitirse para volver a la forma original del Credo niceno-constantinopolitano.

5. Los bautistas y evangélicos confesionales

Los bautistas confesionales y muchos evangélicos herederos de la Reforma recibieron el Filioque a través de las confesiones reformadas.

La Confesión Bautista de Londres de 1689, siguiendo de cerca a Westminster, afirma que el Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo. Algunas exposiciones contemporáneas de la 1689 explican esta frase como parte de la distinción personal entre Padre, Hijo y Espíritu.

En el evangelicalismo moderno, sin embargo, hay dos tendencias.

Una parte simplemente repite el Filioque porque lo ha recibido en credos, himnos o declaraciones doctrinales.

Otra parte casi no sabe qué significa. Para muchos evangélicos contemporáneos, la doctrina del Filioque no ocupa un lugar consciente en su teología. Se confiesa, si acaso, como parte de una fórmula heredada, no como una convicción cuidadosamente examinada.

6. ¿Por qué los protestantes aceptaron el Filioque?

La razón principal es que la Reforma fue una reforma dentro del Occidente latino.

Los reformadores discutieron contra Roma sobre justificación, sacramentos, autoridad eclesial, papado, indulgencias y culto. Pero no rechazaron todo lo occidental. En la doctrina de la Trinidad y de Cristo, quisieron mostrarse fieles a la tradición católica antigua.

Por eso conservaron mucho del marco agustiniano: una sola esencia divina, tres personas, relaciones de origen, generación eterna del Hijo y procesión eterna del Espíritu.

Además, el Filioque les parecía bíblicamente defendible por textos como:

“el Espíritu de su Hijo” —Gálatas 4:6;
“el Espíritu de Cristo” —Romanos 8:9;
“tomará de lo mío” —Juan 16:14;
“yo os enviaré el Paráclito” —Juan 15:26.

El razonamiento protestante suele ser este:

Si el Espíritu es llamado Espíritu del Hijo, si es enviado por el Hijo y si recibe de lo del Hijo, entonces tiene una relación eterna con el Hijo. Por eso, concluyen que procede del Padre y del Hijo.

Desde una perspectiva griega, esa deducción va demasiado lejos si convierte la relación, misión o manifestación en causalidad hipostática.

7. El problema desde la mirada patrística griega

La Reforma acertó al mantener la divinidad del Espíritu Santo y su comunión inseparable con el Hijo. Pero, desde la perspectiva patrística oriental, heredó varios problemas.

Primero, recibió una forma alterada del Credo niceno-constantinopolitano. El Credo original dice que el Espíritu Santo procede del Padre, no “del Padre y del Hijo”.

Segundo, no distinguió suficientemente entre el latín procedere y el griego ἐκπορεύεσθαι. En griego, la procesión del Espíritu se refiere al origen personal desde el Padre como causa. En latín, “proceder” podía usarse más ampliamente.

Tercero, aceptó la herencia agustiniana occidental, donde el Espíritu es muchas veces entendido como el vínculo de amor entre Padre e Hijo. Esa imagen puede ser útil pastoralmente, pero si se absolutiza, corre el riesgo de hacer que la persona del Espíritu dependa de la relación mutua entre Padre e Hijo, debilitando la monarquía del Padre.

Cuarto, muchas confesiones protestantes hablan de la procesión eterna “del Padre y del Hijo” sin las cautelas de San Máximo el Confesor, quien interpretaba benignamente a los latinos siempre que no hicieran del Hijo una causa del Espíritu.

8. Diferencia entre la Reforma y Roma medieval

Hay que ser justos: la Reforma no desarrolló el Filioque con la misma precisión jurídica y metafísica de Lyon II y Florencia.

Lyon II y Florencia definieron el Filioque como doctrina dogmática contra los griegos, afirmando que el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo como de un solo principio. Florencia incluso habló del ser subsistente del Espíritu recibido de ambos.

La Reforma, en cambio, normalmente no está discutiendo contra los ortodoxos. Simplemente recibe la doctrina occidental como parte de la ortodoxia trinitaria. Por eso, históricamente, el protestantismo es menos responsable de la formulación medieval del problema, pero sí responsable de haberla heredado sin revisión patrística suficiente.

Podemos decirlo así:

Toledo: Filioque en clave antiarriana.
Lyon II y Florencia: Filioque como definición dogmática de origen y causalidad.
Reforma: Filioque recibido como herencia occidental confesional.
Protestantismo posterior: Filioque mantenido en confesiones, pero muchas veces poco comprendido.

9. Objeción: “Pero los protestantes solo quieren defender la divinidad del Hijo”

Eso es cierto en gran parte. La intención protestante no suele ser negar la monarquía del Padre ni introducir dos dioses. Su intención es afirmar que el Hijo es verdadero Dios y que el Espíritu no está separado de Él.

Pero una intención correcta no siempre garantiza una formulación precisa. Desde la teología griega, se puede afirmar plenamente la divinidad del Hijo sin decir que el Espíritu tiene su origen hipostático también en Él.

La fórmula patrística oriental sería suficiente:

El Espíritu Santo procede del Padre, reposa en el Hijo, es manifestado por el Hijo, es enviado por el Hijo y recibe de lo del Hijo.

Esto confiesa la plena divinidad del Hijo y del Espíritu sin alterar la propiedad personal del Padre como única fuente.


Conclusión

La Reforma protestante recibió el Filioque como parte de la herencia latina occidental. Luteranos, reformados, anglicanos clásicos y bautistas confesionales lo conservaron en sus credos, confesiones y catecismos. Para ellos, la frase servía para defender la divinidad del Hijo, la comunión del Espíritu con el Hijo y la doctrina trinitaria contra todo subordinacionismo.

Sin embargo, desde la mirada de los Padres griegos, el protestantismo heredó una fórmula que necesitaba mayor revisión. Al aceptar que el Espíritu procede “del Padre y del Hijo”, muchas confesiones protestantes se colocaron dentro de la tradición latina posterior, no dentro de la formulación original del Credo niceno-constantinopolitano.

La diferencia decisiva sigue siendo esta:

Patrística griega: el Espíritu procede del Padre y es manifestado por el Hijo.
Protestantismo clásico: el Espíritu procede eternamente del Padre y del Hijo.
Lectura oriental crítica: esa fórmula corre el riesgo de introducir al Hijo en la causalidad originaria del Espíritu.

Por tanto, la Reforma no inventó el problema del Filioque, pero tampoco lo corrigió. Lo heredó de Occidente, lo confesó como ortodoxia trinitaria y, en muchos casos, no examinó suficientemente su distancia respecto del Credo original y de la gramática trinitaria de los Padres griegos.