La relación entre Constantino Ponce de la Fuente y Juan de Zumárraga, en torno a la Doctrina cristiana cierta y verdadera (1545–1546) y su reimpresión con Suplemento (1546), no se entiende como una mera “influencia” vaga, sino como un hecho editorial y catequético: Zumárraga reeditó y rehízo en México, para su campo misional, la Suma de doctrina cristiana que Constantino había impreso en Sevilla en 1543, y lo hizo dos veces, precisamente porque le pareció el instrumento más apto para “esta gente y tiempo”. La huella de Constantino, por tanto, no es periférica: está en la arquitectura del contenido, en el énfasis sobre lo “principal y necesario” del cristiano, y en un estilo de piedad y enseñanza que privilegia lo esencial por encima del exceso ceremonial, de modo que la catequesis funcione como un conducto directo hacia Cristo.
Los estudios sobre las primeras doctrinas mexicanas señalan que la edición de 1545/46 —y la primera parte de la de 1546— reproduce la Suma de Constantino; la diferencia relevante entre esas ediciones es el Suplemento añadido en 1546. Incluso cuando el trasfondo de Constantino se vuelve polémico en Europa —por sospechas de erasmismo, ambigüedades y silencios doctrinales, y la posterior reacción inquisitorial—, el dato histórico permanece: Zumárraga discernió que, para la evangelización inicial, era vital una doctrina llana, inteligible, bíblica, que apuntara al centro del cristianismo. Esto explica por qué el “préstamo” no es simplemente textual: es un modelo de catequesis. Y el propio proceso de redacción lo confirma: se habla de un rehacer “no dialogal” (una exposición corrida en vez de diálogo) al trasladar el texto al contexto americano, buscando claridad pedagógica y utilidad pastoral.
Juan de Zumárraga publicó el Suplemento de 1546 (de aproximadamente 38 a 40 páginas) con el objetivo deliberado de llenar los vacíos dogmáticos y disciplinarios que Constantino de la Fuente había dejado en su Suma de doctrina christiana.
- Autoridad de la Iglesia: El primer párrafo añadido expresa un compromiso explícito con la autoridad de la Iglesia Católica Romana y el carácter vinculante de sus determinaciones en cuestiones de fe. Zumárraga argumentaba que, para las “personas simples” que no pueden comprender cada detalle de la fe, la obediencia y aceptación de los criterios de la Iglesia son suficientes para la salvación.
- Elementos rituales y oraciones: Incluyó una visión general de rituales cristianos, como el significado de la imagen de la Cruz, instrucciones sobre cómo santiguarse, las principales oraciones y las posturas que los fieles deben adoptar durante la misa.
- Veneración de imágenes: Zumárraga añadió una explicación sobre la diferencia entre la adoración idolátrica (atribuida a las prácticas indígenas locales) y la veneración cristiana de las imágenes de la Cruz, la Virgen María y los santos.
- Los siete sacramentos: Esta fue una de las adiciones más significativas, ya que De la Fuente había omitido varios en su obra original,. Zumárraga dedicó siete páginas a explicar sistemáticamente el Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía, la Penitencia, la Extremaunción, el Orden Sacerdotal y el Matrimonio.
- Esquemas morales y teológicos: Añadió secciones breves sobre las potencias del alma (memoria, entendimiento, voluntad), los enemigos del alma (demonio, mundo, carne), los tres estados de vida (casado, viudo, virgen) y las formas y tipos de pecado (mortal, venial y original).
- Documentos para el “estado de gracia” y el Ars moriendi: El suplemento incluye tres textos morales dirigidos a confesores y pecadores sobre cómo prepararse para la confesión y ordenar el alma ante la inminencia de la muerte. Estos párrafos enfatizan el valor del examen de conciencia y la contrición sincera, funcionando como un arte de bien morir.
- Deberes y exhortaciones finales: Incluyó una “brevezica doctrina moral” inspirada en San Buenaventura sobre los deberes de padres e hijos, oraciones para antes y después de comer, y una versión abreviada de su “Conclusión exhortatoria” (influenciada por la Paraclesis de Erasmo), que reafirma los ideales de simplicidad y pureza evangélica.
A continuación, Una sección del Suplemento sobre Qué es lo que debe hacer el que súbitamente se ve en peligro de muerte; y por su gran miseria y negligencia no ha hecho las diligencias susodichas, habiéndolas podido hacer:
“Si algún inopinado caso de muerte acaeciere así, arrebatando al hombre, que no le da lugar de remediar y ordenar su alma, traiga a su memoria todos sus pecados no confesados; y si más no le ocurrieren a la memoria, de alguno o algunos de los que se acuerda haber cometido. Y duélase de ellos o de él en especial, y de todos los otros en general. Y vuelto al Señor de todo corazón, dígase así, con entrañable dolor y suspiros;
‘Padre de misericordias, Dios de toda consolación, de estos pecados y de éste y de todos los otros que en cualquier manera yo cometí contra vuestra bondad, me pesa muy entrañablemente, y deseo tener mucho mayor pesar, y que el corazón se me partiese por medio hasta morir, porque ofendí a vos, mi Criador y Redentor y todo mi bien. Y en especial, Señor, me duelo de la mortal y muy culpable negligencia y miseria mía, por la cual habiendo tenido tiempo y lugar, no me dispuse para esta hora que veo acercarme, como yo debiera y pudiera. Propongo, Señor, con vuestra ayuda, en habiendo tiempo de examinarme con diligencia, tomando más tiempo, y confesarme, satisfacer y enmendar mi vida. Otorgándome vos, Señor, de quien todo bien desciende. Extended ahora vuestros brazos, que por mí en la cruz tendisteis, y recoged mi alma pecadora en el seno de vuestra muy ancha piedad. Poned, Señor, vuestra cruz y vuestra muerte entre mis pecados y vuestra justicia, y no pierda mi maldad lo que tan caramente redimió vuestra inmensa bondad. En vos, Señor, creo; en vos Señor, espero; a vos, Señor, deseo; a vos, Señor, me ofrezco, y en vuestras manos me encomiendo.’”
