El Evangelio a los mexicas, 1524


—Escuchad, amados nuestros: en verdad nosotros sabemos, hemos visto y hemos escuchado que vosotros tenéis por dioses, no ya a uno, sino a muchísimos, tan numerosos que no pueden contarse; a ellos honráis, a ellos servís. No pueden contarse los esculpidos en piedra y en madera, que vosotros habéis diseñado y que tenéis por dioses. Los nombráis: Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Quetzalcóatl, Mixcóatl, Tláloc, Xiuhtecuhtli, Mictlantecuhtli, Cihuacóatl, Piltzintecuhtli, Cintéotl, y los Cuatrocientos del Sur, los Cuatrocientos Conejos, y también otros que no podrán contarse.

Pero si fueran dioses verdaderos, si de verdad fueran el Dador de la vida, ¿por qué tanto se burlan de la gente? ¿Por qué hacen mofa de ella? ¿Por qué no tienen compasión de los que son hechura suya? ¿Por qué también ellos —vuestros dioses— os causan muchas, innumerables enfermedades y aflicciones? Así bien lo sabéis vosotros.

Pero cuando estáis muy perturbados, cuando ya no atináis, cuando ya no os conocéis en vuestra ira, en vuestro enojo, desamparáis a vuestro dios y decís: “¡Oh tú, de quien somos vasallos! ¡Oh gran…! ¡Oh vieja llena de arrugas, tú que eres enemigo de uno y otro lado; que obras con maña! Te has estado burlando; has estado obrando a tu antojo”. Y luego, de día en día, demandan sangre, corazones. Por esto son muy temibles a la gente: mucho provocan el miedo; sus imágenes, sus hechicerías, son muy negras, muy sucias, muy asquerosas.

Así son los que vosotros tenéis por dioses, a quienes seguís como dioses, a quienes hacéis ofrendas. Ellos son los que mucho afligen a la gente y los que en ella ponen suciedad.

Pero Aquel que es Dios verdadero, que gobierna, verdadero inventor de la gente, el verdadero Dador de la vida, el verdadero Dueño del cerca y del junto —Aquel que nosotros os venimos a mostrar—, no es así. Porque en nada hace mofa de la gente; nada que sea engaño hay en Él; nada que sea envidia, nada que sea odio; nada de lo que es oscuro, nada de lo que es sucio quiere Él. Porque todo ello lo detesta: lo que no es bueno, lo que no es recto (todo lo que se ha dicho). Porque Él no puede ver todo eso que tiene prohibido, porque Él es por completo bueno, por completo recto. En Él está aunado cuanto es bueno, recto, lúcido. Muy amoroso es de la gente, muy compasivo de ella, muy misericordioso. Y mucho sobrepasa a todas las cosas su amor, su compasión por la gente.

Por razón de nosotros se hizo hombre aquí en la tierra; varón vino a hacerse, como nosotros. Nosotros, los macehuales, así semejante vino a hacerse: tomó para sí nuestra carne de macehuales. También por nosotros vino a morir: su sangre preciosa por nosotros derramó; con ella vino a hacernos libres de la mano de los que son grandes hacedores de males, de los que mucho aborrecen a la gente, de los perversos y malos de corazón, de los que son nuestros enemigos: los diablos (aquellos a quienes habéis convertido en dioses), a quienes llamáis dioses, delante de los cuales os sangráis, entre vosotros os dais muerte; los que a vosotros os andan provocando a toda suerte de maldades: odios, guerras entre unos y otros, a comer carne de hombres, y también a otros quebrantamientos muy grandes.

El Dios único, el que gobierna, no se burla de la gente, porque Él es el gran favorecedor de ella; es misericordioso con todos los hombres en la tierra. También vosotros, los hombres de aquí, vosotros que recibís el nombre de indios, gracias a Él vivís; de vosotros tiene compasión; a vosotros os ama, aun cuando no lo conocéis, aun cuando no tenéis noticia acerca de Él, aun cuando no lo tenéis por Dios, aun cuando no lo tenéis por quien os gobierna, aun cuando no lo tenéis por Señor.

Él es quien os da todo lo que hay en la tierra: lo que se bebe, lo que se come; también el señorío, el mando, nobleza, dignidad. Y ahora, algo más grande, todavía mucho más por encima, aún más precioso, con ello a vosotros os quiere favorecer, si vosotros de todo vuestro corazón en Él os contentáis, si en verdad lo tenéis como vuestro Dios, como Aquel que os gobierna.

Pero tal vez diréis, amados nuestros: “¿Cuál es el nombre de vuestro Dios, del que vosotros habéis venido a hacernos conocer? Haced que lo sepamos, que lo escuchemos, amados nuestros”. Es muy maravilloso, y mucho apacigua el corazón, y mucho da libertad (redime) su precioso Nombre. Porque su reverenciado Nombre es Jesucristo: Dios verdadero y también hombre verdadero, Dador de la vida, Dueño del cerca y del junto, y libertador de la gente en todas partes del mundo.

Él, como Dios, nunca comenzó: no tuvo principio; permanentemente, siempre existe. Él hizo el cielo, la tierra, la región de los muertos. También nos hizo a nosotros, los hombres, a nosotros, los macehuales. También Él hizo a los diablos, a los que ahora habéis andado teniendo por dioses. Como Dios, en todas partes está: todo lo mira, todo lo sabe; nada hay como Él, así tan maravilloso.

Y en cuanto hombre, está en el interior del cielo, en su reverenciada mansión de Señor. Y aquí en la tierra está su precioso reino, que no ha perdurado sólo por unos cuatrocientos años. Y ahora a vosotros su precioso reino se ha acercado: sentíos dichosos de recibir este don; se os ha hecho merecimiento. Todo lo que habéis escuchado está pintado en el libro divino: las Sagradas Escrituras.

Coloquios y doctrina cristiana. Los diálogos de 1524, dispuestos por fray Bernardino de Sahagún.